poema · nueve movimientos
Un relámpago —
el majestuoso ciervo
ve dentro mío
Debajo del suelo hemos sido arrastrados
al encuentro: una atmósfera carmesí.
Esperábamos un infierno,
no hubo sino un iceberg.
Obtener el calor solo es posible a través de la piel ajena.
Decantase el ansia en un despertar suave,
disipasen las inquietudes en una piel tersa,
silenciosen las dudas con mi cuello recibiendo una exhalación inquieta.
Un suspiro me llama a voltear a la izquierda,
mi esternocleidomastoideo es recibido por una presión familiar,
dos serpientes entrelazan sus cuellos,
para besarse y sus odios alcanzar con la punta de la lengua.
La piel se eriza: una duda que en un éxtasis se disipa.
La piel se eriza, tus garras en la espalda, imitando el ritmo de las mías.
No tener más extremidades es lo único que lamento:
para estrujarte,
para asirme,
para sentirte cerca,
para desearnos dentro,
para arrancarte los suspiros con un dedo y sentirlos resbalar bajo mi espalda.
La meta es esa:
desconocer el inicio y fin de cada uno de nuestros cuerpos.
Mi lengua recorre cada hueso tuyo, hasta los canales que mi deseo enerva.
Mi recompensa son tus manos apretándome el hombro, el vibrar de tus venas con cada beso.
Jadeamos de ida y vuelta,
jadeamos con aquello que la realidad nos limita,
jadeamos en cada mano que habita una posición imposible de la realidad;
jadeamos con la presión, las manos en los muslos,
jadeamos con el ansia de dos cuerpos que se atraviesan libremente,
jadeamos para distinguir el aire que cada uno guarda.
Una ola va y viene,
entre mis caricias, que de tu cuerpo no se bastan.
Una ola viene y va
en el poco espacio que queda en el danzar de tu lengua y la mía.
Una ola vaivén, y por fin viene, y por fin vengo, y por fin venimos.
Un palpitar en éxtasis que ni con la llegada se detiene,
unas manos que conocen cada rincón, cada protuberancia, y se niegan a soltar el cuerpo ajeno.
Un palpitar en éxtasis que ni con la llegada se detiene,
un sudor salado enriquece el sabor de las mieles,
mieles que con mis manos recojo,
mieles que se impregnan del más profundo de tus olores.